La Tejeda de Tosande

Un tesoro escondido

Partimos de la línea del tren Hullero en Dehesa de Montejo, próxima a la estación de Vado Cervera (km 2 de la comarcal 626). Hasta la Tejeda recorremos 5 km y salvamos, en ascenso, 245 m para situarnos a 1395 msnm.   GPS: 30T 0373313/4744194

Nos movemos por uno de los lugares más atractivos y sensibles de la Montaña Palentina, en un valle del aún naciente Río Pisuerga dentro del Parque Natural de Fuentes Carrionas y Fuente del Cobre, en Zona LIC y ZEPA.

Iniciamos la ruta en la garganta de Tosande por un apacible camino, entre prados, montes y arroyos, en dirección al macizo calcáreo de La Peña. Nos acompañan brezos, robles y alguna encina, presencia del bosque mediterráneo en las laderas situadas al sur. También observamos alguna Daboecia cantábrica, y, con suerte, Euphorbia marginata, gamones, fresnos, endrinos, acebos, mostajos, avellanos, helechos, sabinas, enebros y algún muérdago que nos protege de brujas y brujos.

Nos vamos adentrando en un rebollar (Quercus pyrenaica) que nos deja en unas amplias praderas de diente, delimitadas por hayedos y espectaculares vistas de un circo de cumbres que circundan los magníficos pastizales. A la izquierda observamos la peña Oracada (1819m.) y a la derecha, Robledillo y Las Cruces (1559m).

Pasados Los Novios (1200 msm), bloques rocosos que flanquean la pista, a una hora de haber iniciado la marcha, vemos un pilón y un refugio al fondo. Giramos 90º hacia el Oeste adentrándonos en el hayedo, uno de los bosques más alucinantes que podamos imaginar, y, sobre él, colgada, LA TEJEDA, en la Peña Oracada. Ascendemos con algo de esfuerzo y sin salirnos nunca del camino marcado (excesivamente, por cierto). Hayas y algún roble albar centenario, nos van sorprendiendo a cada paso y nos hacen más llevadera la dura ascensión por la ladera donde se asienta el bosque. La impresión de ver tejos de semejante tamaño, rodeados por hayas, en la sombra rota por líneas de luz que aumentan la magia, es algo que difícilmente olvidaremos.

Nos vamos adentrando en un rebollar (Quercus pyrenaica) que nos deja en unas amplias praderas de diente, delimitadas por hayedos y espectaculares vistas de un circo de cumbres que circundan los magníficos pastizales. A la izquierda observamos la peña Oracada (1819m.) y a la derecha, Robledillo y Las Cruces (1559m).

Pasados Los Novios (1200 msm), bloques rocosos que flanquean la pista, a una hora de haber iniciado la marcha, vemos un pilón y un refugio al fondo. Giramos 90º hacia el Oeste adentrándonos en el hayedo, uno de los bosques más alucinantes que podamos imaginar, y, sobre él, colgada, LA TEJEDA, en la Peña Oracada. Ascendemos con algo de esfuerzo y sin salirnos nunca del camino marcado (excesivamente, por cierto). Hayas y algún roble albar centenario, nos van sorprendiendo a cada paso y nos hacen más llevadera la dura ascensión por la ladera donde se asienta el bosque. La impresión de ver tejos de semejante tamaño, rodeados por hayas, en la sombra rota por líneas de luz que aumentan la magia, es algo que difícilmente olvidaremos.

El tejo es un árbol de por sí escaso de forma natural. En La Montaña Palentina no es frecuente encontrar varios ejemplares juntos y menos aún con la talla y el porte de los que ahora estamos observando. Algunos alcanzan diámetros de 1,5 m. Destaca uno de 600 años, con parte de las raíces descubiertas. Está acompañado por otro de menor porte y de un acebo. Su altura es de 12,20 m y tiene 6,35 m de circunferencia en el tronco. Por todo ello esta Tejeda está considerada como una reliquia de la Era Terciaria, una verdadera joya botánica. La regeneración de la especie en Tosande se ve dificultada por la abundancia de grandes herbívoros que se comen los brotes tiernos y las ramillas de las plantas jóvenes. Por ello, aunque algunos años nacen nuevas plantas en abundancia, muy pocas de ellas llegan a convertirse en árboles maduros. Esperemos que nuestra presencia no cause más inconvenientes al bosque pues bastante tiene con los ya citados y con la reciente “urbanización” con pasamanos y escalinatas. Por el respeto y la conservación que se merece este mágico lugar deberíamos reparar, en lo posible, el desastre provocado conscientemente por seres humanos.

En cuanto a la Fauna, en el Parque hay catalogados 149 especies de aves y 48 de mamíferos. La variedad de ecosistemas que alberga este valle escondido, permite que vivan aquí especies características de los bosques atlánticos y mediterráneos, con una fauna asimismo variada y abundante. Los frutos de haya, roble, acebo y serbales, entre otros, proporcionan alimentos a especies como el jabalí y el lirón careto. Abundan especies cinegéticas como el corzo, el rebeco y el ciervo. Además es zona de paso del oso. Entre las aves destacan los picos mediano y menor, mirlos, zorzales, caballa gris y curruca zarcera. También rapaces como el buitre, el azor, el águila culebrera y el cárabo. Pero el coqueto urogallo se extinguió en el Parque en los años 80.

Y si hoy, un 27 de abril, recién estrenada la primavera, disfrutamos de esta manera, imaginemos el complemento que supone en Otoño, paseando con el silencio del bosque entre estos auténticos monumentos vivos bajo el cromatismo de sus árboles y arbustos y el rojo encendido de los arilos de los tejos y de los frutos de acebos y mostajos. Y por supuesto con la compañía cantarina de la berrea.    

Así que………. hasta entonces…

Documentación recogida por Carlos Rodríguez del grupo de Herbarium 2014 en Fundación Cerezales.

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