Lúpulo

Nombre (s): Lúpulo, Betiguera, Cañamiza, Hombrecillos, Lupina, Lupio, Lúpulo, Parra Silvestre, Piña Fofa, Retigueras, Vidarria, Zaramancón, Zaramangón, Humulus lupulus L.

Familia: Cannabáceas

Hábitat: de forma naturalizada en sebes de los caminos, en sotos, alisedas y en general en zonas húmedas y frescas, desde los 100 a 1000 m s.n.m. Aparece en las zonas templadas y  frías del hemisferio norte. En la Península es más frecuente en la mitad norte. En Cerezales el Condado quedan restos de emparrados para su cultivo, ahora colonizados por los nidos de las cigüeñas.

Finca de cultivo de lúpulo abandonada y colonizada por cigüeñas a la entrada de Cerezales del Condado, verano 2013 Lorena Lozano

Usos: Posee propiedades tónicas y calma ntes. Las inflorescencias femeninas  también  son antisépticas, diuréticas, y febrífugas. Ya utilizado por los romanos hace 2000 años en la fabricación de la cerveza, actualmente, en la elaboración occidental, es el aditivo principal: se utiliza para hacer de contrapeso al dulzor de la malta, como saborizante y agente estabilizador; el ácido del lúpulo, tiene un efecto antibiótico, y favorece la actividad de la levadura de malteado;  en la base de sus bractéolas, tienen unas glándulas que contienen  lupulina, que es el ingrediente que aportará a la cerveza su sabor amargo y los aromas propios, además, es una droga sedante e hipnótica, e incrementa la producción de leche en las madres. El fruto se aplica externamente a úlceras, quemaduras e inflamaciones. El lúpulo es delicado, solamente se puede utilizar fresco durante los pocos meses de su cosecha, de agosto a octubre, ya que enrancia con facilidad. Cristina Zelich cuenta que “en Italia, sobre todo en el Veneto, hay aficionados a coger los brotes tiernos y cocinarlos en revuelto o tortilla. Yo lo sigo haciendo aquí en Salamanca cuando voy a pasear a orillas del Tormes”.

Memorias/Historias/ Anácdotas: 

extracto de “APUNTES para la HISTORIA de VEGAS del CONDADO”  de Gregorio Boixo 1999  www.vegasdelcondado.com 

“La Sociedad Anónima Española de Fomento de Lúpulo es una entidad fundada hacia el año 1950 por industriales cerveceros españoles con el fin de producir en España el lúpulo que hasta entonces se importaba de Europa. Establecieron una factoría en Villanueva de Carrizo con el fin de recoger allí la producción de lúpulo de España. La planta de lúpulo ha existido siempre silvestre en nuestras riberas trepando por los arbustos de las sebes contiguas a las presas o desagües de agua. A este lúpulo nunca se le prestó la menor atención y menos para seleccionarle y lograr variedades adecuadas a las necesidades cerveceras. De esto se encargaron, entre otros, los belgas, que fueron los primeros en introducir su cultivo en León, de la mano de esta Sociedad Española. Para ello introdujeron los esquejes de las variedades que entonces se explotaban allí. La Sociedad suscribió contratos con labradores de las riberas de León, sobre todo con los del Órbigo y con otros pocos de Galicia y del norte de España; quienes enseguida abandonaron el cultivo, por lo que quedó León casi como el único productor de lúpulo para toda España. En aquellos primeros tiempos fueron muchos los labradores que iniciaron el cultivo de forma artesanal, en fincas pequeñas sin concentrar, con instalaciones rudimentarias, mediante palos largos como tutores. Por entonces hacía falta hasta recomendación para que le concedieran a uno un contrato de producción, de tan solicitados como estaban. Muchas fueron las hectáreas que entonces se plantaron en nuestra ribera; pero muy pocas son las que actualmente se cultivan y, si en principio eran cientos los cultivadores del Porma, hoy no llegan ni a una decena. Naturalmente las condiciones de cultivo han cambiado mucho y los precios más, por lo que hoy no es rentable explotar aquellas fincas minúsculas y de forma tan primitiva.

Actualmente se cosechan en España casi un millón y medio de kilos de lúpulo seco, siendo León la que acapara casi en exclusividad la producción de España con el 90% de la cosecha, obtenida en unas 800 hectáreas, de las que 400 se dedican a la variedad Nugget, 320 a la H3 y sólo 10 a la variedad Magnum. Casi todas estas hectáreas están en la ribera del Órbigo, que se ha especializado en este cultivo, así como la nuestra lo ha hecho en el ganado vacuno. Siempre el Órbigo ha sido más agrícola, como el Porma más ganadero. En aquellos primeros tiempos de los años 50 el labrador plantaba los esquejes proporcionados por la Sociedad en surcos paralelos formando calles por las que pudieran pasar una caballería o vaca o pequeños tractores para hacer las labores correspondientes. Al pie de estos esquejes, y de trecho en trecho, hincaban en el suelo unos palos largos o varales como tutores, por los que trepaban las plantas tan pronto como brotaban del esqueje, aunque para ello a muchas había que dirigirles la guía en el sentido correcto. Pronto llegaban al extremo superior del palo formando toda la finca un tupido bosque verde de varios metros de altura. Mientras tanto había que dejar subir sólo los brotes más lozanos, cultivar el suelo, regar la finca, y sobre todo tratar con sulfatadoras de mano las diversas enfermedades y parasitosis propias de esta planta. En pleno verano terminaba el crecimiento y echaba entonces los conos florales con su lupulina correspondiente. Este era el momento de la cosecha. Para ello los hombres iban bajando al suelo los palos tutores con toda la planta enroscada ellos y, allí mismo, en la misma finca, las mujeres y niños, sentados en taburetes o en cualquier sitio iban arrancando los conos florales que metían en sacas para llevarlos en camión aquel mismo día, ya de noche, a la factoría de Villanueva de Carrizo; donde procedían a pesar las sacas y secar los conos en el secadero industrial de la misma empresa. La liquidación al agricultor era en virtud de los kilos de la cosecha en verde y de la variedad o variedades de lúpulo entregados.

De aquellos primeros años queda el recuerdo imperecedero de tantas cuadrillas de peladoras ataviadas con ropa al efecto; sombrero grande de paja, ganas de trabajar divirtiéndose y al mismo tiempo ganando unas pesetillas. A los pocos años dejaron de emplearse palos como tutores; se instalaron alambradas fijas sostenidas por postes altos de cemento o de madera en los extremos, y bien reostados. De estas líneas de alambre, llegado el momento, se ataban los cientos o miles de trepas de plástico que bajaban hasta el suelo para que la planta se enroscara a esta trepa y subiera hasta la parte alta de la alambrada. La operación de atar las trepas en la alambrada comenzaba por preparar en el suelo estas trepas cortándolas de unos rollos grandes, tan largas como era la distancia que había del suelo hasta las líneas de alambre. Como la alambrada estaba quizá a más de 5 metros de altura, muchos agricultores hicieron un castillete de ángulos de hierro, que bien colocado y sujeto en la meseta del carro de vacas, éste avanzaba por las calles mientras una persona en lo alto del castillete iba atando las trepas que había subido atadas a su cinto o al mismo castillete. Alguien inventó una pértiga larga con un dispositivo en la parte superior del que pendía la trepa, que con un movimiento determinado dicha trepa quedaba atada a la alambrada. Había que bajar y subir esta pértiga tantas veces como lo eran los miles de trepas empleadas. Lo extraño es que nadie empleara, como lo venían haciendo en otros países de Europa, unos zancos muy altos, bien sujetos con correaas a las piernas y al cuerpo, que a su vez llevaba un cinturón pasado por la alambrada para ir avanzando a lo largo de ésta con las manos libres para ir atando las trepas que había subido sujetas a su cinturón. El subir y bajar de los zancos es fácil mediante una escalera sencilla de mano, colocada en los extremos de la alambrada. En una instalación así es fácil bajar toda la trepa cargada de conos de lúpulo, cortando todas las ramas y la misma trepa a ras del suelo, y con una tracción hacia abajo toda ella se desprende de arriba y cae entera al suelo para así colocarla en el remolque del. tractor y llevarla a la máquina peladora, que separa las hojas de los conos. y los vástagos o ramas caen directamente en el suelo formando un montón a la salida de la máquina.

El lúpulo ya no se seca en la factoría de Villanueva de Carrizo sino en el secadero particular de cada lupulero mediante un horno de carbón de cok o mechero de gasoil. A la Sociedad se lleva la cosecha seca y clasificada por variedades para hacer la liquidación correspondiente. Si hoy ya casi no se cultiva en nuestra ribera es porque requiere mucha inversión en instalaciones y sobre todo porque hay que competir en precios y calidades con Europa; para lo cual es necesario tener fincas grandes muy bien instaladas y las labores de cultivo muy mecanizadas; lo que no se da por aquí porque además hubo que levantar todas las instalaciones cuando a principios de los años 90 concentración parcelaria entregó los nuevos lotes de fincas de reemplazo, correspondientes a la parte baja de la ribera, donde se cultivaba. En el Órbigo se han especializado con tiempo en su cultivo y allí siguen con él, para dejarnos aquí como ganaderos de vacuno y productores de forrajes para las vacas. Así terminó un cultivo más que tuvo su importancia en esta segunda mitad de nuestro siglo XX. “

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Pelando el lúpulo en la finca de Agustín Ruiz en Devesa de Curueño. Autor: ca Robustiano Robles (Tano) años 50. Fuente: Territorio Archivo

Aut@r: 

Fuentes: Gregorio Boixo, Lorena Lozano, Fernando Ortega Alcalde.

Más información recopilada durante los filandrones por Fernando Ortega Alcalde: Lúpulo pdf 

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